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Cobrar: una tarea polifacética

Nuestras mascotas no solo necesitan movimiento físico, sino también «movimiento mental», es decir, tareas que requieran algo de cabeza y que a la vez se correspondan con sus disposiciones naturales. ¡Qué práctico sería si una tarea así pudiera incorporarse sin problemas a la rutina diaria tanto en casa como de paseo!

Este es justo el caso de cobrar y, por ello, una de las razones que abogan por este tipo de tarea tan práctica.

¿Qué significa cobrar?

Cobrar significa traer. El perro trae un objeto y se lo da a la persona en la mano. Sin embargo, solo recoge el objeto una vez se lo pida su dueño. Así, dejar que el perro corra tras una pelota o un palo que se le haya lanzado no tiene nada que ver con cobrar.

Cargar botines es innato en los perros. Tras una caza exitosa, sus parientes salvajes se llevan parte del botín para devorarlo con calma.  Seguro que se ha fijado en que su perro va de aquí para allá con su juguete o su hueso de masticar. Que nuestras mascotas aprendan fácilmente a no llevarse el «botín», sino a traerlo a sus dueños, es una consecuencia de la domesticación y de la cría selectiva. Así, para muchas razas de perros de caza es esencial que el perro no reclame para sí la caza silvestre como un pato, un faisán o un conejo, sino que se lo devuelva intacto a su amo.

Naturalmente, fuera del ámbito de la caza, el perro no cobra ninguna presa. Hay objetos de cobro especiales, por ejemplo, muñecos de tamaño y peso diferentes, una especie de sacos de tela repletos de granulado. También hay algunos de plástico, y otros que pueden rellenarse de chucherías. En principio puede utilizarse cualquier cosa que le guste cargar al perro.

Razones a favor de cobrar

Este tipo de tarea tiene muchos aspectos positivos:

  • Con ella puede entretener al perro de forma flexible e independientemente del momento y el lugar, tanto en interiores como en exteriores.
  • El equipamiento es muy manejable. A parte de uno o varios objetos de cobro y chucherías de recompensa no necesita nada más.
  • En el cobro, humano y animal trabajan codo con codo. Esto es bueno para establecer vínculos.
  • Cobrar es trabajo mental y movimiento.
  • Puesto que el perro solo trabaja tras su orden, se fija la obediencia y con ello también el autocontrol. A su vez, esto tiene efectos positivos en el día a día.
  • Traer es tan polifacético que la tarea puede adaptarse sin ningún problema a cada perro. Por ejemplo, uno prefiere correr rápido y lejos para recuperar el objeto, y otro se mueve con más calma; a uno le gusta buscar largo y tendido en la hierba alta su señuelo y el otro prefiere encontrar algo rápidamente; el adicto al trabajo querrá traer cosas todos los días, y el comodón tal vez solo dos o tres veces por semana.

Así lo aprende el perro

El modo más sencillo es si al perro le gusta comer. En ese caso, las dos condiciones son unas chucherías ricas y un buen apetito. En primer lugar, es importante que el animal aprenda de momento a recoger el objeto de su lado y entregárselo a usted en la mano. Solo cuando sepa hacerlo tiene sentido dejar que recoja el señuelo de más lejos. Para aprender a recoger y devolver, lo mejor es un paquete de comida. Este se rellena con deliciosas chucherías. Su mascota aprenderá rápidamente que solo recibirá la chuchería de recompensa si le entrega el paquete en la mano. Al principio, la correa evita que salga literalmente por patas.  Para ello, el objeto de cobro no se lanza, sino que simplemente se deja caer o se coloca en el suelo. Más tarde se introduce y se enseña principalmente a no salir corriendo tras el señuelo lanzado. No debe ser un señuelo en el aire lo que anime al perro a traerlo, sino la recompensa que reciba cuando lo entregue.

Múltiples facetas

El mundo del cobro ofrece infinitas posibilidades. Por ejemplo, si hay dos señuelos en el suelo en direcciones opuestas, el animal puede aprender a recoger el correcto con un gesto de su mano, también cuando al final uno simplemente se haya colocado y el otro se haya lanzado tentadoramente. O lo lanza lejos y usted se desplaza tranquilamente con el perro acercándose o también alejándose. O incluso coloca un señuelo de tal forma que su perro deba saltar un tronco de camino a él.  Esto son solo un par de ejemplos de las muchas posibilidades. Si conoce a alguien que, igual que usted, esté enseñando a cobrar a su perro, también se pueden realizar ejercicios interesantes por parejas.

Se trabaja bien incluso con una correa más larga, por ejemplo, si el señuelo está escondido frente a usted bajo un montón de hojas.

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