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El equilibrio perfecto entre descanso y ocupación para mi perro

Lunes entrenamiento de agilidad, martes obediencia, miércoles baile canino, viernes mantrailing y, entretanto, sesiones de entrenamiento durante los paseos: a menudo, los perros están sometidos a esfuerzos diarios por horas. ¿Qué ratos quedan para salir a pasear tranquilamente o acurrucarse en el sofá? Y sin olvidar: ¿cuándo tiene tiempo para sí mismo el dueño? Naturalmente, como ocurre en todos los casos extremos, también existe la situación opuesta: el perro no quema la suficiente energía y se aburre la mayor parte del día. Pero, ¿cómo encontrar el equilibrio perfecto entre descanso y ocupación?

 

¿Qué tipos de ocupaciones existen?

En primer lugar es importante saber que existen diferentes tipos de ocupaciones.
Aquí se incluyen, entre otras, la ocupación cognitiva, es decir, la actividad mental. Para ello es recomendable, por ejemplo, el mantrailing u otras actividades de olfateo como buscar objetos o seguir rastros.
La ocupación también incluye la forma física, como los paseos, salir a correr, las actividades de agilidad o torneos deportivos caninos. El entrenamiento del equilibrio, como el deglity, ocupa aquí una subcategoría.
Otro tipo de ocupación son los contactos sociales con otros perros y personas. Estas tres variantes no deben fomentarse en profundidad de forma simultánea, sino que deben estar presentes en la vida de tu perro.

 

¿Con qué intensidad debo mantener ocupado a mi perro?

Un punto importante de la ocupación es la intensidad, es decir, el grado y la duración de la actividad. Hay que diferenciar entre los diferentes grupos de edad de los perros. Por lo general, un cachorro o un perro anciano necesitan una ocupación menor que un perro de dos años que dispone de toda su energía. Esto se debe, entre otras cosas, a que un cachorro se entretiene mucho procesando los sentidos. Por el contrario, un perro anciano exige descanso y tiempo para relajarse, como ocurre también con nosotros en edad avanzada.

Pero independientemente de la edad, un perro necesita dormir básicamente mucho más que nosotros, es decir, 17-20 horas al día. De hecho, no descansar lo suficiente puede tener consecuencias negativas en la salud de un perro. Aunque un can no tiene un trabajo como nosotros, consume mucha energía simplemente adaptándose a nosotros.

 

Demasiado bueno

Asimismo, la ocupación también puede convertirse en un círculo vicioso. Si los perros están sobreexcitados por el exceso de acción, no logran relajarse. Por eso, a menudo los dueños piensan que deben exponer a sus perros a más acción aún, aunque en realidad lo que necesitan es descansar. También es un error pensar que un perro agotado es más obediente. Solo con deporte y ocupaciones mentales no se solucionan problemas como, por ejemplo, el comportamiento destructivo de algunos perros (mordisquear/morder muebles, alfombras, etc.).

También es importante saber que un perro se adapta al nivel de actividad. Es decir: si tu perro está acostumbrado a mucha actividad, en algún momento exigirá ese grado de ocupación. Desde este punto de vista, menos es más.

 

¿En qué se basa el equilibrio entre ocupación y descanso y cómo lo encuentro?

Intenta disminuir la intensidad de tus propios intereses y descubrir lo que en realidad le gusta a tu perro. Obsérvale con atención. ¿Qué le alegra? ¿Le animan los entrenamientos de agilidad o le gusta que le enseñes trucos nuevos? También puedes orientarte por las características típicas del carácter de la raza de tu perro, las cuales no tienen porqué darse necesariamente. Asegúrate de crear una atmósfera relajada al entrenar. Si no es así, deberías barajar cambiar de actividad.

Además del tipo de ocupación adecuada para tu perro, también es muy importante encontrar el equilibrio perfecto entre descanso y ocupación. Tanto tú como tu perro tenéis derecho a disfrutar de momentos de descanso. No debes tener remordimientos si un día solo sales a pasear con tu perro sin entretenerle de ningún otro modo. Es bueno tanto para ti como para tu perro disfrutar simplemente de la compañía del otro y olvidarse de los entrenamientos.

Además, un aspecto determinante no solo es encontrar el equilibrio entre ocupación y relajación en el día a día, sino también en el propio entrenamiento. Por ejemplo, si acudes con tu perro a un parque canino también debes enseñarle a relajarse para que su nivel de energía no esté permanentemente disparado. Por último, también has de encontrar el equilibrio adecuado entre los tres tipos de ocupación mencionados. A este respecto también deberías tener en cuenta las necesidades de tu perro. En cualquier caso, resulta muy útil y es interesante para tu can aplicar los tres tipos conforme a sus preferencias.

 

¿Puede tener consecuencias negativas una ocupación muy pobre?

Un perro tiene poca ocupación, por ejemplo, si solo se le saca pasear diez minutos al día y no realiza ninguna otra actividad. Esto puede hacer que el perro busque por sí solo otras ocupaciones que, por lo general, no entusiasman a los hombres. Quizás ladre demasiado, corra por la casa o vigile determinados espacios de la vivienda o el jardín. En el peor de los casos, dirigirá la frustración contra sí mismo, de modo que intentará atrapar su cola o mordisquearse. Estos síntomas no se atribuyen exclusivamente a una ocupación muy baja, pero pueden ser síntomas de ello.

 

¿Puede resultar negativo para mi perro un exceso de ocupación?

Si, como ya se ha indicado anteriormente, tu plan semanal está cargado de diferentes sesiones de entrenamiento y el perro apenas tiene un día de descanso, seguramente se siente agotado. Aunque tengas buenas intenciones, es muy importante que tu perro pueda contar con determinadas horas de descanso y relajación. Tener pocos momentos de descanso puede derivar, entre otras cosas, en problemas de comportamiento. Esto se debe a que un exceso de entrenamiento aumenta la presión, el estrés y la sobrecarga. Si el cuerpo se desequilibra y está sometido a un estrés continuo, libera hormonas del estrés como la adrenalina. Si el estrés continúa durante más tiempo, también puede provocarle problemas corporales y enfermedades. El estrés debilita el sistema inmunológico, afectando al tracto gastrointestinal y pudiendo derivar en enfermedades renales, cardiovasculares y/o coronarias. Si lo deseas, puedes enseñarle cosas nuevas a tu perro, pero no deberías sobrecargarle, sino más bien centrarte en el equilibrio entre descanso y ocupación. De este modo, no solo estaréis ambos más relajados, sino que también disfrutaréis más del entrenamiento, que es de lo que se trata al fin y al cabo. Sabrás si tu perro sufre demasiado estrés, entre otras cosas, por su intranquilidad, el jadeo extremo, sus reacciones exageradas a los estímulos ambientales, si orina y defeca en exceso, y si presenta un estado de nerviosismo general. El malestar depresivo o un aumento de la agresividad también pueden ser consecuencia del estrés.

 

Consejos finales para ti y para el equipo hombre-perro

No debes centrarte en presuntas directrices. Por ejemplo, es un error pensar que un perro necesita un mínimo de dos horas de movimiento y ocupación al día en forma de paseos. Mismamente diez minutos de entrenamiento intensivo con “trabajos de olfateo” pueden resultar tan agotadores para el can que llene con ello su cupo diario de ocupación cognitiva y le baste con un breve paseo. No existen recomendaciones aplicables de forma general, pues la duración y forma de la ocupación debe adaptarse individualmente a cada perro. Por lo general, no se recomienda fijar la hora. Observa qué y cuánto tiempo resulta divertido para ti y para tu perro, cómo de agotado se muestra después y, entonces, planifica el siguiente día conforme a su constitución corporal actual. Añadiendo demasiado estrés a tus actividades con el perro no le haces ningún favor a él ni a ti mismo. Concédete a ti y a tu perro tiempo para respirar y también para estar a solas, en los que simplemente seáis perro o persona.

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