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La castración en el perro: ¿altera el comportamiento social?

Mientras que hace unos años todavía era una práctica habitual castrar un perro «profilácticamente», entre otros para evitar un supuesto comportamiento indebido, el tema de la castración suscita hoy una gran polémica.

Por un lado, la castración se sigue utilizando para tratar y prevenir problemas de comportamiento, incluyendo agresiones. Por otro lado, existen indicios de que los perros castrados muestran un nivel de agresividad todavía mayor que sus semejantes no castrados. Sin embargo, los estudios científicos sistemáticos que muestran una relación entre la agresividad y la castración son poco frecuentes.

 

Una observación integral de dicha relación desde un punto de vista científico es generalmente muy difícil, puesto que existen formas muy diferentes de agresión. Así, podría suponerse que, como mucho, la agresión motivada sexualmente disminuiría mediante la castración. Otras formas de agresión, como por ejemplo la agresión territorial o la protección de recursos, probablemente no se verían afectadas por dicha intervención. Desgraciadamente, hasta la fecha no existen estudios que se ocupen de la influencia concreta de una castración en las diferentes motivaciones de la agresión. Por ello, solo podemos citar estudios que se aproximen al tema desde un punto de vista más bien general.

 

 

Un estudio actual ha investigado hasta qué punto se diferencia el comportamiento agresivo de perros castrados a diferentes edades hacia personas conocidas, extraños u otros perros. La base de los datos la forma un cuestionario que ya se utiliza con mucha frecuencia en estudios acerca del comportamiento canino y está bien comprobado. El llamado cuestionario C-BARQ (Canine Behavioral Assessment Research Questionnaire) lo cumplimenta generalmente el propietario del animal. Se evaluaron 13.795 cuestionarios en los que los perros mostraban un comportamiento agresivo hacia personas conocidas, 13.498 con comportamiento agresivo hacia desconocidos y 13.237 perros que se comportaban de forma agresiva hacia otros perros. Para ello, se evaluaron todas las preguntas en el C-BARQ que conciernen al comportamiento agresivo y se calcularon los valores promedio. Los resultados de perros que no mostraban ningún tipo de agresividad se compararon con perros de medio a muy agresivos. Además, se realizó un análisis comparativo de los datos de perros intactos con perros que habían sido castrados con 6 meses o menos, con entre 7 a 12 meses, con entre 11 a 18 meses y con más de 18 meses.

 

 

(Ning)una relación entre la castración y el comportamiento agresivo

 

En los resultados de los estudios no se pudo hallar ninguna relación entre la castración en sí o entre la edad en el momento de la castración y el comportamiento agresivo hacia personas conocidas u otros perros. Sin embargo, los perros castrados a una edad de entre 7 y 12 meses muestran una probabilidad ligeramente superior a mostrar un comportamiento agresivo medio o mayor hacia personas desconocidas.

 

Si se tienen en cuenta varios factores que podrían provocar el comportamiento agresivo, no parece haber ninguna relación entre la castración y el comportamiento agresivo hacia personas conocidas u otros perros. Se halló únicamente un aumento mínimo en la agresión hacia personas desconocidas.

 

 

También otros estudios mostraron que sobre todo una castración temprana puede desencadenar cambios no deseados en el comportamiento. En el estudio del cuestionario de Zink y colaboradores del año 2014 se encuestó a propietarios de bracos húngaros acerca del estado de salud de sus mascotas. De aquí resulta que los animales castrados con menos de medio año de vida muestran un riesgo mayor de anomalías en su comportamiento en comparación con sus semejantes no castrados.

 

En otro estudio se documentaron las reacciones de perros hembra al acercarse personas y perros extraños. Los animales castrados a la edad de entre 5 y 10 meses reaccionaron 5 meses más tarde en dichas situaciones de forma considerablemente más agresiva que otros miembros intactos de la misma camada.

 

En conjunto, los resultados muestran que la castración no es adecuada para tratar o evitar problemas de agresión, sino todo lo contrario: los resultados indican que una castración bajo ciertas circunstancias puede incluso provocar un aumento de los niveles de agresividad.

 

Además, dichos cambios de comportamiento en perros macho también pueden desencadenarse mediante el llamado chip de castración, de «castración química». Esto consiste en la implantación de un chip hormonal en el perro que vuelve temporalmente infértil al animal (generalmente de 6 a 12 meses). Pero, especialmente en perros inseguros y miedosos, debe reflexionarse bien el tratamiento, ya que podría darse un posible aumento de la agresividad. El propio fabricante lo advierte explícitamente en las instrucciones de uso: «Por ello, los perros con alteraciones sociopáticas y con episodios de agresión intraespecífica (perro a perro) y/o interespecífica (perro a otra especie) no deben castrarse ni quirúrgicamente ni mediante implantes».

Si aun así existieran razones importantes a favor de una castración, puede probarse con este tipo de «castración química» si aparecen posibles cambios no deseados de comportamiento, ya que tanto el modo de acción y con ello los posibles cambios de comportamiento están limitados temporalmente.

 

En vista de los indicios cada vez mayores de los efectos negativos de la castración, dicho procedimiento debe reflexionarse cuidadosamente y siempre como decisión individual.

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