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Invierno: ¿necesita mi perro vitamina D?

La alimentación canina también genera controversia en torno al hecho de si es imprescindible la administración suplementaria de componentes con vitamina D.

¿Debe recurrirse a pastillas o gotas para que el perro tenga una alimentación saludable?

La importancia de la vitamina D es indiscutible. El cuerpo necesita la vitamina D para el metabolismo óseo. La carencia de la misma deriva en osteoporosis (fragilidad) y, en el caso de perros en desarrollo, raquitismo (desviaciones axiales).

Asimismo, la vitamina D tiene un efecto muy positivo sobre el sistema inmunológico y el bienestar.

A partir de un precursor de vitamina D generado en la piel el perro puede sintetizar por sí mismo la vitamina D activa en el hígado y los riñones. Pero el requisito para ello es que la piel esté expuesta a la radiación solar.

 

Un pelaje frondoso impide la formación de vitamina D

El pelaje actúa como protector contra los rayos ultravioletas. Dependiendo del grosor del pelaje la piel se expone a pocos o ningún rayo de sol.

Esto se puede comparar con la carencia de vitamina D de las mujeres musulmanas, generada por cubrirse completamente el cuerpo durante todo el año, incluso en regiones con una elevada radiación solar.

El gato, un carnívoro obligatorio, todavía no puede crear este precursor en la piel. Por desgracia no es cierta la creencia de que la vitamina D se genera en el pelaje gracias a la radiación solar y que es absorbida por el cuerpo al lamerse.

Aquí entra de nuevo en juego una alimentación canina bien meditada.

Sin vitamina D activa no es posible aprovechar el calcio del pienso. También es necesaria para liberar el calcio de los huesos, causando a largo plazo osteoporosis.

Entonces, ¿durante los meses de poco sol surgen carencias o no?

Para los perros esta pregunta es algo secundario. Si el pelaje impide la generación, para gozar de una alimentación saludable deben contar con fuentes de vitamina D durante todo el año.

 

¿En qué alimentos encontramos vitamina D?

Un perro con una alimentación variada no tiene problemas con la ingesta de vitamina D, pues ésta se encuentra en el hígado, los riñones, la yema, la mantequilla, los pescados grasos o el aceite de hígado de bacalao. Además, la vitamina D es muy resistente y tolera el almacenamiento, el secado, el calor y la congelación.

Los herbívoros obtienen su vitamina D de plantas secadas al sol, es decir, del heno o las hiervas (¡secadas al sol!). Si no se secan al sol, las plantas no tienen vitamina D. Proporcionar a tu perro suficiente vitamina D con un par de hierbas es tan poco eficaz como hacerlo con hongos.

Por lo tanto, en el caso de una alimentación vegana, se debe recurrir  a gotas o pastillas.

Al pienso seco se le añade casi siempre vitamina D3, aunque de forma sintética, lo cual es mejor que nada. No deberías cambiar este tipo de alimentación canina solo por eso, sino más bien utilizar adicionalmente aceite de hígado de bacalao o darle una vez a la semana salmón, arenques o caballa. Las sardinas secas también son una buena fuente de vitamina D.

Por ejemplo, administrar dos cucharadas de aceite de hígado de bacalao a la semana a un perro de 20 kg según la necesidad. De modo alternativo, también se le puede dar una ración diaria de salmón, truchas de piscifactoría o caballa.

Consulta en la composición si una lata de comida para perros contiene vitamina D. ¿Encuentras las fuentes anteriormente indicadas? ¿O se añadió vitamina D3? Debe estar indicado bajo la sección “aditivos nutricionales”.

Así controlarás tú mismo el abastecimiento de vitamina D y podrás optimizar la alimentación de tu can.

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